Breve 6

7 de marzo de 2012 | 6:17 pm § 0 comentarios § permalink

Asoman sueños cansados de esperar, brotan recuerdos de espacios secretos que buscan ansiosos las lluvias de abril que tan felices supieron encontrarnos.

Breve 5

7 de marzo de 2012 | 6:12 pm § 0 comentarios § permalink

Y de repente me asalta la certeza de saber que formo parte de esa gris excepción a la regla que reza “la más linda con el más boludo”, ya que no encuentro correlatividad con mi sobrado cumplimiento de la segunda condición.

7 de marzo de 2012 | 6:04 pm § 0 comentarios § permalink

“Quiero decirme algo a mi mismo cuando sea viejo… pero me la tenés  que pasar dentro de 10 años…
- No vas ser viejo dentro de 10 años…
- Bueno, dentro de 20…

A mi en general me gustan los viejos… los que tienen memoria. Y por si vos sos de los que se olvidan, yo te recuerdo algunas cosas que ahora tengo claras: Todo no se compra, todo no se vende, conozco una lista interminable de cosas que son más importantes que la seguridad… soy capaz de soñar sueños… me gustan los caramelos colorados… estoy loco por Mariana…”

*Tango Feroz, 1993.

El alfarero*

27 de septiembre de 2011 | 5:08 pm § 0 comentarios § permalink

Todo tu cuerpo tiene
copa o dulzura destinada a mí.

Cuando subo la mano
encuentro en cada sitio una paloma
que me buscaba, como
si te hubieran, amor, hecho de arcilla
para mis propias manos de alfarero.

Tus rodillas, tus senos,
tu cintura
faltan en mí como en el hueco
de una tierra sedienta
de la que desprendieron
una forma,
y juntos
somos completos, como un solo río,
como una sola arena.

*Pablo Neruda

Cuando me ves así*

27 de septiembre de 2011 | 4:58 pm § 0 comentarios § permalink

Cuando me ves así, con estos ojos
que no quieren mirarte,
es que al oírte hablar pienso en la lluvia
sin dejar de escucharte.

Porque tu voz, amiga, como el agua
rumorea el amor,
y pensando en la lluvia me parece mejor
que te escucho mejor.

Cuando me ves así, con estos ojos
que te miran sin verte,
es que a través de ti miro a mi sueño,
sin dejar de quererte.

Porque en tu suave transparencia tengo
un milagroso tul,
con el cual, para dicha de mis ojos,
todo lo veo azul.

*José Pedroni

La calle*

27 de septiembre de 2011 | 4:53 pm § 0 comentarios § permalink

Es una calle larga y silenciosa.
Ando en tinieblas y tropiezo y caigo
y me levanto y piso con pies ciegos
las piedras mudas y las hojas secas
y alguien detrás de mí también las pisa:
si me detengo, se detiene;
si corro, corre. Vuelvo el rostro: nadie.
Todo está oscuro y sin salida,
y doy vueltas y vueltas en esquinas
que dan siempre a la calle
donde nadie me espera ni me sigue,
donde yo sigo a un hombre que tropieza
y se levanta y dice al verme: nadie.

*Octavio Paz

No soy quien escucha…*

3 de septiembre de 2011 | 4:40 am § 0 comentarios § permalink

No soy quien escucha
ese trote llovido que atraviesa mis venas.

No soy quien se pasa la lengua entre los labios,
al sentir que la boca se me llena de arena.

No soy quien espera,
enredado en mis nervios,
que las horas me acerquen el alivio del sueño,
ni el que está con mis manos, de yeso enloquecido,
mirando, entre mis huesos, las áridas paredes.

No soy yo quien escribe estas palabras huérfanas.

*Oliverio Girondo

No se

23 de marzo de 2011 | 1:09 am § 0 comentarios § permalink

A Romina A.
(Nobleza obliga, lo prometido es deuda)

Va de corrido, como me gusta escribir cada tanto. ¿Qué querés que te diga? No se si lo vas a leer. Y la verdad, no se si me importa. No se si fue la distancia o si estábamos demasiado cerca. No se si te sobraba o me faltaba a mi. La cosa arrancó bien. Porque siempre arranca bien. Uno sabe que todo se va a terminar enredando, pero se deja. Y, honestamente, valía la pena la elipsis. Y valió. Fuimos de lo más simple a lo más complejo… Y hubo chispa, química… no se, algo hubo. Mucho hubo. Hicimos de lo más vulgar una obra de arte. De nuestro arte. Y hoy… no se. No soy muy romántico. Si pudiera evitar pensar tanto en todo, lo haría. Pero al mismo tiempo, me gusta tanto ser como soy que…

No se… Fue corto, pero lo disfruté mucho. Feliz cumpleaños.

Yo.-

Conciso Conmigo Mismo

4 de enero de 2011 | 8:06 am § 0 comentarios § permalink

Divertido, profundo, sensible, creativo, talentoso, cobarde, impaciente, intolerante, solitario. Entre lo tácito que espero de mi y lo absurdo que cocecho cosecho encuentro tantos abismos llenos de ausencias, tantas promesas por cumplir y tantos romances sonámbulos sangrando en mil espejos, que me asombra a esta altura seguir esperando un guiño del destino.

Yo.-

Sobre Ausencias*

24 de noviembre de 2010 | 1:19 pm § 0 comentarios § permalink

La ausencia no es tal. Porque la vida deja un rastro. La vida es celebración y tras toda celebración queda un rastro de serpentinas, confetis y botellas vacías. Y así, ese rastro, esparcido por toda la casa, nos recuerda que una vez estuvimos vivos. Siguiendo el rastro encontrarás tu propia silueta enmarcada con tiza sobre el suelo de la cocina, la huella dactilar de una sombra en una copa huérfana sobre la encimera, un cigarrillo fumado a medias, unos arañazos en la escalera, una vieja fotografía prendida con imanes en la nevera, un espejo indiscreto que te ofrece el reflejo del hombre que usurpó tu cuerpo dejando sin vida la mirada de antaño y te preguntas que habrá sido del muchacho cuya risa brillaba como el hielo que ahora dejas caer sobre el gin tonic terapéutico.

Caminas por la casa oyendo como cruje bajo tus pies el parqué del pasillo, como quien camina por un lago helado temeroso de que se abra el agua a sus pies. Al llegar a la habitación descubres oscuras aves volando en círculos sobre la cama, y tú tratas de espantarlas agitando el pañuelo de la nostalgia o poniendo un disco de Jacques Brel a todo volumen. Pero las aves burlonas se posan sobre el espantapájaros que levantaste y comen de tu mano el grano del desconsuelo con el que antes confeccionabas collares que abrazaban cuellos de cisnes y sirenas.

El día humedece la tarde con el perfume de otros días. Nada tiene más memoria que el olfato. Y hay perfumes que taladran el pecho como el primer cigarro, como el aire helado de la madrugada.

La ausencia está en todo: en los libros de la mesilla, en las toallas, en la ropa tendida, en la carta dormida en buzón. Durante un instante te quedas colgado mirando un rincón en la pared en el que las arañas tejieron su red, o te quedas hipnotizado mirando un televisor que parpadea con luz estroboscópica: nada que ver, nada que hacer.

Agarras el teléfono y dejas un mensaje en un contestador. Una bengala iluminando un océano oscuro, un mensaje de auxilio. Hola soy yo. Tres pulsos cortos. Ha amanecido tarde este día. Tres pulsos largos. Bueno, si tienes frío o tiempo me llamas. Tres pulsos cortos. Cuelgas.

La pena extiende una película impermeable por toda tu piel, y por ella resbalan noticias y deberes. Bebes entonces con autocomplacencia el licor dulzón del aburrimiento y te preguntas como era tu vida antes de que todo fuese naufragio.

Pero entonces sientes que algo te agarra de las solapas y te levanta del sofá al que estabas atornillado. Cabreado, recuerdas todo lo que queda pendiente. Recuerdas lo afortunado que eres por haber asistido al alumbramiento de unicornios y pegasos, a la lluvia de meteoritos que dibujó el cielo de tu vida tantas noches de verano, y reconoces en la ausencia que habita toda la casa retazos del muchacho que desapareció de el reflejo ofrecido por los espejos en los que te miras. Eres tú. Estás de vuelta.

Huyen las aves. El dibujo de tiza en el suelo de la cocina ya no es tu silueta, es una rayuela sobre la que saltan hadas y faunos. Levantas la persiana y un alud de sol arrastra telarañas y serpentinas limpiando de espectros la casa. Sales a la calle. Es viernes. Es primavera. Es pronto. Recuerdas la leyenda tallada en el reloj que ahora murmuras con una media sonrisa que creías olvidada: acuérdate de vivir.

*Ismael Serrano (quién sino?)